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sábado, 26 de septiembre de 2009

Una busqueda de años

     Hace algunos años cuando la temporada de los recitales llegaba, nos dieron la tarea de aprender un poema, para poderlo recitar ante nuestros afables padres y maestros, y como era de esperarse teniendo 7 añitos todos los pequeños niños tomaron el primer libro de poesia de la biblioteca y donde pusieron su dedo aprendieron poema; y yo como buena y ajena extraña del mundo me fui al fondo de la biblioteca y de entre los libros mas polvosos saque este poema; que despues de aprendido y recitado perdi, durante años le busque en libros de poesia, en la red y hasta en lo clubs de lectura que se gozan de privilegiosas novedades litararias, pero fue hasta hoy que le halle en un librero viejo arrumbado en una bodega cerrada.




 Para todos ustedes de Antonio Plaza


La noche
I. 
 
Tiende, noche, tu lóbrego manto, 
y en un mar de tinieblas, al sol, 
ahoga, noche, que quiero mi llanto 
esconder en tu negro crespón. 
 
Ya no quiero ni gloria, ni amigos, 
ni esperanza, ni amor, ni virtud; 
quiero sólo quedar sin testigos; 
quiero sombra; detesto la luz. 
 
Quiero el llanto verter que nutriendo 
está siempre mi vida infeliz, 
y correr dando un grito estupendo, 
y después como loco, reír. 
 
Que la luna entre sombras sepulte 
su maldita montaña de luz, 
cielo y tierra á mis ojos oculte, 
negra noche, tu negro capuz. 
 
Que ni el eco á la voz corresponda, 
que se enlute del campo el verdor; 
que ennegrezca el cristal de la onda; 
que se arrastre maldita la flor. 
 
Sólo se oiga del noto el silbido 
y del mar el solemne rugir; 
de agorera lechuza el graznido, 
de la alondra el doliente gemir. 
 
La pavura del gélido osario 
reine en torno; que el éter azul 
se convierta en inmenso sudario 
y la tierra en gigante ataúd. 
 
De relámpago rojo las luces 
en el cielo de luto al flagrar, 
sólo alumbren de tumbas y cruces 
un calcáreo fatídico erial. 
 
Si en el cielo, de bilis preñado, 
brilla acaso de luna el fulgor, 
que su disco, de sangre manchado, 
enrojezca ese cuadro de horror. 
 
Las campanas distantes produzcan 
un tañido llorón, sepulcral; 
y los miasmas infectos conduzcan, 
salmodiado, imponente cantar. 
 
Forma vana, severa, imposible, 
abandone el podrido ataúd: 
misteriosa, cariada, terrible, 
vuelva un punto del ser á la luz» 
 
Y sus órbitas duras esmalte 
fosforescente, siniestro brillar, 
y de su antro de hueso que salto 
carcajada estridente, fatal. 
 
Que del rayo la voz tan temida 
truene y cruce distancia sin fin, 
y la tierra por él sacudida 
se abra y brote cadáveres mil. 
 
Las culebras se empinen silbando, 
ruja sordo el terrible huracán; 
y los cuervos fastidien graznando;
vengan rayos la fiesta á alumbrar. 





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